México prueba un nuevo modelo de educación técnica: UNESCO, CONALEP y DGETI apuestan por el talento digital
Ocho planteles de educación media superior participan en un proyecto piloto que busca transformar las escuelas técnicas en Centros de Excelencia, fortalecer las competencias digitales de los jóvenes y construir un modelo con potencial para extenderse a México, América Latina y el Caribe.

Por Redacción DIMENSIÓN TOTAL
Lo que debes conocer para vivir mejor.
Ciudad de México.— La transformación digital está modificando el mercado laboral a una velocidad que obliga a replantear una pregunta fundamental: ¿estamos preparando a los jóvenes para los empleos que existirán en los próximos años o seguimos educándolos para un mundo que ya está cambiando?
México comienza a ensayar una posible respuesta.
La UNESCO, el Colegio Nacional de Educación Profesional Técnica (CONALEP) y la Dirección General de Educación Tecnológica Industrial y de Servicios (DGETI) pusieron en marcha un proyecto piloto para coconstruir un Modelo de Centros de Excelencia en Educación y Formación Técnica y Profesional (EFTP).
La iniciativa busca fortalecer la calidad de la educación técnica, impulsar el talento digital, mejorar la relación de las escuelas con su entorno y colocar a estudiantes, docentes y directivos como participantes activos en la transformación de sus propios planteles.
Pero su alcance podría ir mucho más allá.
Los aprendizajes obtenidos servirán para analizar la posibilidad de escalar el modelo en México y, eventualmente, convertir la experiencia mexicana en una referencia para otros sistemas educativos de América Latina y el Caribe.
Ocho escuelas serán el laboratorio de una nueva educación técnica
El proyecto se desarrollará durante el ciclo escolar 2026-2027 en ocho planteles ubicados en la Zona Metropolitana del Valle de México.
Por parte del CONALEP participan los planteles Álvaro Obregón II, Santa Fe y Centro México–Canadá.
La DGETI participa con los CETis 8, 31 y 65, además de los CBTis 29 y 203.
No se trata simplemente de incorporar más computadoras o impartir nuevos cursos tecnológicos.
El objetivo es más profundo: probar estrategias, metodologías y recursos que permitan transformar cada plantel en un nodo de innovación dentro de su comunidad.
Eso implica desarrollar capacidades institucionales, fortalecer el talento digital, mejorar la vinculación con el entorno productivo y establecer mecanismos permanentes de evaluación y mejora.
En otras palabras, la intención es cambiar la forma en que una escuela técnica se relaciona con sus estudiantes, profesores, empresas, familias y comunidades.
¿Qué significa realmente un Centro de Excelencia?
La palabra “excelencia” puede parecer abstracta si no se traduce en resultados concretos.
En este proyecto, el concepto parte de una visión donde las escuelas técnicas no funcionan de manera aislada.
La idea es que puedan identificar las necesidades de su entorno, conectarse con sectores productivos, desarrollar nuevas competencias, compartir conocimientos entre planteles y permitir que los propios jóvenes participen en la creación de soluciones.
Cada escuela podría convertirse así en un pequeño ecosistema de innovación.
El proyecto contempla además la construcción de una hoja de ruta para consolidar comunidades de práctica y aprendizaje, sustentadas en el trabajo entre pares y el liderazgo juvenil.
Esto resulta especialmente relevante.
El estudiante deja de ser únicamente receptor de información.
Se convierte en creador, cocreador y protagonista de soluciones.
El talento digital se vuelve una competencia básica
Durante décadas, hablar de alfabetización significaba principalmente saber leer, escribir y realizar operaciones matemáticas.
Hoy esa definición resulta insuficiente.
Comprender cómo funciona la tecnología, utilizar herramientas digitales, analizar información, resolver problemas y desarrollar pensamiento crítico se está convirtiendo en una condición básica para participar en buena parte del mercado laboral.
Y el desafío crecerá conforme tecnologías como la inteligencia artificial, automatización, robótica, análisis de datos y sistemas digitales transformen más profesiones.
Por eso, uno de los principales objetivos del proyecto es impulsar el talento digital.
Pero existe un elemento importante: la propuesta de UNESCO no plantea la tecnología como un fin en sí misma.
La transformación digital se concibe desde una visión humanista.
Rosa Wolpert, Oficial Nacional de Educación de la UNESCO en México, explicó que los sistemas educativos necesitan preparar a las personas para avanzar hacia economías y sociedades más inclusivas, considerando tanto las nuevas realidades digitales como los desafíos derivados del cambio climático.
Esto obliga a actualizar la oferta educativa, anticipar las necesidades del mercado laboral y fortalecer competencias digitales, técnicas y profesionales.
En palabras de Wolpert:
“Este esfuerzo impulsa la transformación digital con una visión humanista y con las juventudes como liderazgos de innovación para poner la tecnología al servicio de la equidad de género, la inclusión, el cuidado ambiental y el bienestar socioemocional”.
La diferencia es fundamental.
No se trata solamente de enseñar a utilizar tecnología. Se trata de enseñar a utilizarla para resolver problemas.
¿Por qué México?
La elección de México para desarrollar este proyecto piloto no es casual.
El país cuenta con uno de los sistemas de Educación y Formación Técnica y Profesional más amplios de la región.
Durante el ciclo escolar 2024-2025, este sistema registró más de 1.9 millones de estudiantes de entre 15 y 18 años, atendidos por cerca de 199 mil docentes en aproximadamente 3 mil escuelas, con una oferta superior a 90 carreras técnicas.
La dimensión de esta infraestructura convierte a México en un escenario relevante para experimentar nuevas formas de educación técnica.
Si un modelo logra demostrar resultados en determinados planteles y posteriormente puede adaptarse a una red educativa de esta magnitud, su impacto potencial sería considerable.
Pero el tamaño también representa un desafío.
Transformar la educación no consiste únicamente en diseñar buenos programas.
Requiere capacitar docentes, actualizar infraestructura, establecer alianzas, modificar procesos institucionales y lograr que las innovaciones puedan mantenerse en el tiempo.
Precisamente por eso el proyecto comienza como piloto.
Primero hay que aprender qué funciona.
Después podrá discutirse cómo escalarlo.

Educación y empleo: una relación que necesita fortalecerse
Uno de los problemas históricos de muchos sistemas educativos es la distancia entre lo que se enseña dentro de las aulas y lo que posteriormente solicita el mercado laboral.
El proyecto pretende reducir esa brecha.
Durante las diferentes etapas de formación e intercambio de experiencias se contempla incorporar empresas y aliados estratégicos, además de las comunidades educativas y las familias, con acompañamiento técnico continuo de la UNESCO.
Esta vinculación puede permitir que las escuelas conozcan de manera más rápida qué competencias están demandando las industrias.
Y esto cobra especial importancia en un momento en el que México busca aprovechar fenómenos como el nearshoring y la relocalización de cadenas productivas.
Nuevas inversiones pueden generar oportunidades.
Pero las oportunidades solamente pueden aprovecharse si existe talento preparado para ocuparlas.
CONALEP: jóvenes que no solo usen tecnología, sino que creen soluciones
Para Rodrigo Rojas Navarrete, director general del CONALEP, el proyecto representa un hito estratégico para transformar los planteles en nodos de innovación y especialización dentro de sus respectivos territorios.
La iniciativa busca fortalecer el liderazgo institucional y la vinculación con sectores productivos estratégicos, incluyendo aquellos relacionados con el nearshoring.
Pero hay otro componente especialmente interesante: formar a los jóvenes como creadores activos de soluciones tecnológicas bajo una visión humanista.
Esto supone cambiar una percepción tradicional de la educación técnica.
Durante mucho tiempo, esta modalidad fue vista principalmente como una vía para aprender un oficio o incorporarse rápidamente al mercado laboral.
Hoy puede convertirse también en una plataforma para la innovación, el emprendimiento y la creación tecnológica.
Un estudiante técnico del siglo XXI puede ser operador.
Pero también programador.
Diseñador.
Emprendedor.
Especialista.
Innovador.
O creador de una solución que todavía no existe.
DGETI: competencias técnicas, digitales y humanistas
Eduardo Ramos Martín, en representación del titular de la DGETI, Rolando López Saldaña, señaló que los cinco planteles participantes están preparados para intercambiar experiencias con UNESCO y con otras instituciones de educación media superior técnica.
La apuesta consiste en desarrollar proyectos académicos de excelencia que permitan proporcionar a los docentes herramientas pedagógicas e innovadoras de clase mundial.
El objetivo final es que los estudiantes desarrollen competencias digitales, técnicas y humanistas reales para enfrentar los retos del futuro y participar en el desarrollo socioeconómico del país.
La palabra “reales” resulta particularmente importante.
La educación técnica necesita demostrar que aquello que se aprende dentro del aula puede utilizarse fuera de ella.
El desafío de la inteligencia artificial
Aunque el proyecto abarca una transformación digital más amplia, existe una tecnología que inevitablemente atraviesa cualquier conversación sobre el futuro educativo: la inteligencia artificial.
La IA ya está modificando la forma en que trabajamos, estudiamos, investigamos, programamos, diseñamos y producimos información.
Para los jóvenes que actualmente cursan educación media superior, esta transformación no pertenece al futuro.
Ya comenzó.
Muchos de los estudiantes que hoy tienen 15 o 16 años llegarán al mercado laboral alrededor de 2028, 2029 o 2030.
El mundo profesional que encontrarán será significativamente diferente.
Por eso, las competencias digitales no pueden limitarse a aprender determinadas plataformas.
Las herramientas cambiarán.
Lo verdaderamente importante será desarrollar la capacidad de aprender continuamente, adaptarse, verificar información, pensar críticamente y utilizar la tecnología con responsabilidad.
También es una cuestión de equidad
La transformación tecnológica contiene una paradoja.
Puede democratizar oportunidades.
Pero también puede ampliar desigualdades.
Una persona con acceso a herramientas digitales, formación especializada y conectividad puede multiplicar sus posibilidades profesionales.
Quien no tiene acceso a esas mismas condiciones puede quedar todavía más rezagado.
Por eso UNESCO vincula el proyecto con objetivos de inclusión, equidad de género y sostenibilidad.
Uno de los desafíos particularmente relevantes es reducir las brechas de género en las áreas STEM: Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas.
Lograr que más jóvenes —y especialmente más mujeres— tengan acceso a competencias digitales avanzadas no es solamente una política educativa.
También es una estrategia económica y social.
De México hacia América Latina y el Caribe
El proyecto forma parte de la Alianza Regional para la Transformación e Innovación Educativa (ARTIE), integrada por secretarías y ministerios de Educación de América Latina y el Caribe, con participación de aliados públicos y privados, entre ellos empresas tecnológicas como Huawei.
Esto permite entender la dimensión regional del piloto mexicano.
La intención no es crear un modelo rígido que posteriormente sea copiado de manera idéntica.
El objetivo es generar aprendizajes, metodologías y herramientas capaces de inspirar a otras instituciones y adaptarse a diferentes contextos.
Si los resultados son positivos, México podría convertirse en uno de los espacios desde donde se construyan nuevas referencias para la educación técnica latinoamericana.
¿Por qué importa?
Para DIMENSIÓN TOTAL, este proyecto merece atención porque se encuentra exactamente en la intersección de cuatro transformaciones que definirán buena parte de los próximos años:
educación, tecnología, empleo y juventud.
Podemos hablar durante horas sobre inteligencia artificial, automatización y nuevas industrias.
Pero ninguna transformación tecnológica será verdaderamente positiva si no existe una estrategia educativa capaz de preparar a las personas para participar en ella.
Y aquí está quizá el punto central.
La pregunta ya no debería ser:
¿Qué carreras necesitan los jóvenes para conseguir empleo?
La pregunta debería evolucionar hacia:
¿Qué capacidades necesitan para seguir aprendiendo durante toda su vida profesional?
Porque probablemente muchos de los empleos que tendrán dentro de 15 años todavía no existen.
¿Cómo puede afectar esto a los jóvenes y sus familias?
Si el modelo funciona y posteriormente se amplía, podría significar una educación técnica más conectada con las necesidades reales del mercado laboral.
Para los estudiantes, puede traducirse en mayores competencias digitales, mejor vinculación empresarial, nuevas oportunidades profesionales y mayor capacidad para emprender.
Para los docentes, implica acceso a metodologías, herramientas y redes de aprendizaje.
Para las empresas, representa la posibilidad de colaborar en la formación del talento que necesitarán.
Para las familias, puede significar algo todavía más concreto:
mayores oportunidades para que los jóvenes conviertan su educación en movilidad social.
Lo que debemos observar a partir de ahora
El verdadero éxito del proyecto no podrá medirse únicamente por el número de cursos impartidos o equipos tecnológicos instalados.
Habrá que observar si mejora el aprendizaje.
Si aumenta la empleabilidad.
Si los estudiantes desarrollan proyectos.
Si los docentes incorporan nuevas metodologías.
Si más mujeres participan en áreas STEM.
Si existe una verdadera vinculación con las empresas.
Si las innovaciones continúan después de terminar el piloto.
Y, sobre todo, si los jóvenes adquieren herramientas que les permitan construir mejores oportunidades.
Porque un Centro de Excelencia no debería definirse por un nombre.
Debería definirse por sus resultados.
La educación del futuro comienza antes de que llegue el futuro
Durante años hemos hablado del “trabajo del futuro” como si se tratara de algo distante.
Ya no lo es.
La inteligencia artificial, la automatización, la economía digital y las nuevas industrias están modificando las reglas mientras millones de estudiantes todavía se encuentran dentro de las aulas.
Eso convierte a la educación técnica en una pieza estratégica para México.
El piloto impulsado por UNESCO junto con CONALEP y DGETI comienza solamente en ocho planteles.
Puede parecer pequeño frente a un sistema que atiende a millones de estudiantes.
Pero las grandes transformaciones educativas pocas veces comienzan simultáneamente en miles de escuelas.
Comienzan probando.
Midiendo.
Aprendiendo.
Corrigiendo.
Y posteriormente escalando aquello que demuestra funcionar.
México tiene ahora la oportunidad de experimentar con un modelo que podría ayudar a conectar educación, talento digital, innovación y empleo.
Su verdadero valor no estará en llamarlo Centro de Excelencia.
Estará en demostrar que puede generar oportunidades reales.
Porque frente a un mundo que cambia cada vez más rápido, la educación enfrenta quizá uno de sus mayores desafíos históricos:
no solamente enseñar a los jóvenes a trabajar en el mundo que existe, sino prepararlos para transformar el mundo que viene.
DIMENSIÓN TOTAL | Lo que debes conocer para vivir mejor
La tecnología está cambiando el empleo. La pregunta es si lograremos transformar la educación con la misma velocidad.






