Día de San Valentín y la leyenda de los árboles de cerezo

Origen del SAKURA. Quizá las historias griegas son las que más nos vienen  a la mente cuando de mitología se trata. Sin embargo, Japón también cuenta con una hermosa historia romántica en torno a estos árboles rosáceos que tanto caracterizan su primavera.

Algunos aspectos de la filosofía japonesa se enfocan en la aceptación de que la vida y todo en ella es transitorio y se desvanece. Sin embargo, siempre queda un vestigio, una memoria, un sentimiento. El sakura cuenta con una leyenda de amor que sobreviene a la desesperanza y la agonía. una forma de rescate, de poesía épica y amor puro.

La leyenda se sitúa en la época del feudalismo Japonés (1185-1333), el cual, por las desigualdades sociales, generó desasosiego e inestabilidad. Se dice que, entre todo el paisaje lúgubre, había en especial un árbol, alejado de todo, sin hierba creciente a su alrededor o animales que quisieran acercarse. En un delirio de conmoción, un hada se acercó a él con delicadeza y le ofreció 20 años para ser humano y hallar una fuerza interna que lo hiciera florecer. 

El árbol aceptó y fue por la vida buscando el sentido de la misma, pero el tiempo transcurría y en el escenario no se lo permitió. Temía morir, ya que esa era la condición dada por el hada al final de la misión.

Sin embargo, un día, entre la tempestad, volteó hacia un arroyo cercano y por vez primera su mirada se iluminó, al ver a una hermosa joven que acarreaba agua. Era algo como lo que nunca antes presenció, su delicadeza y paz en cada suave movimiento que hacía y en la dulzura de su mirada, era como si no perteneciera a aquel mundo que él siempre había visto desmoronarse.

Se acercó a ella y conversaron por horas, cosa que se volvió un hábito. Reían y compartían bellos poemas, escapaban juntos de su realidad y creaban una mejor. Pero el árbol ya no tenía mucho tiempo, y le consternaba desaparecer tras haberla amado. Le confesó su amor y su poco tiempo terrenal, la tristeza de ella fue tal que no pudo decir nada, aunque en el fondo, sabía que ella también lo amaba y lo amaría, aunque el tiempo les faltara.

El hada regresó y confirmó a Sakura, aquella bella dama, la historia de lo efímero de la vida del árbol. Por lo cual, ella prefirió no vivir a vivir sin él. Se fusionaron y encontraron aquella vitalidad faltante. Y desde entonces, cada primavera, los árboles de sakura floran por unos días y después cae cada flor rosácea y blanquecina, tan delicadamente como el día aquel en que se miraron y por ese instante y para siempre, se amaron.

La floración de los árboles de cerezo se da por temporada, entre los meses de marzo y abril, y se puede ver en las calles de todo japón, creando bellos paisajes naturales junto con los templos, arquitectura y el Monte Fuji.

Talina González

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